UncategorizedFebruary 16, 2006 2:03 am
La masa es el pueblo, es el mundo, es el motor que impulsa la historia. O me equivoco? Podríamos decir que es el combustible, ya que el motor lo constituyen aquellos que estrujan la materia de la historia y la moldean a su antojo. Sí; la metáfora está ahora corregida.
Siendo pues la masa el combustible o el alimento que impulsa a los motores que hacen que la historia camine, esta es virtualmente desprovista de poder electivo. Sólo importa en qué cantidades puede encontrarse, de qué forma puede usarse, quiénes van al ejército y quienes fabrican las armas. Sólo importan los medios para conseguirla.
La masa la constituimos todos. Cuando nacemos, nacemos hacia la masa. Somos un conjunto moldeable, educable, llevado constantemente hacia el consumismo. Cuando alguien desea obtener el poder, no tiene más que mostrarse como un producto digno, poner sus beneficios en exhibición, ser pues el objetivo del ya arraigado consumismo. Y así, se incrementan los sectarismos, el conflicto, la guerra. Es un mundo comprable. El dinero es poder.
Sin embargo, dentro de la masa tenemos a los ignorantes, a los avariciosos ( que lentamente pueden alzarse y llegar a reinar aquello de donde surgieron) , a los pseudo intelectuales, a los indiferentes, a los preocupados, a los frívolos, a los burgueses, a los pobres, a los moribundos, a los esclavos…y todos somos dominados
por el movimiento de la gigante rueda dialéctica.
La masa no tiene eso que Marx llamó “conciencia de clase”. Nunca la tendrá. ¿Por qué? Porque en este mundo tornado hacia la estandarización de unos valores eurocentristas y estadounidenses (a estos valores usualmente se les llama globalización) importa sólo el nivel de…tibieza que se pueda alcanzar. Hablamos de tibieza porque todos sabemos que siempre existirá un porcentaje de oligarquía, pero la masa aspira a un tipificado paraíso burgués de la mediocridad. El pobre quiere llegar a la clase media; el de la clase media desea mantenerse donde está, o quizás avanzar hacia la “media-alta”. Pero bueno, ya que la masa nunca tendrá conciencia de clase, o sea, nunca reconocerá que es el juguete de la historia y de sus figuras, esta nunca podrá detener el uso descarado que se hace de ella.